Estoy harto de la gente que nos da miedo, de los que odian a todos y por todo, de los que sólo hablan a gritos, de los poderosos, de los envidiosos, de los que miran por encima del hombro, de los que discriminan entre razas o entre clases sociales, de los que urden las guerras, de los que provocan que mueran niños de hambre, aún hoy, en pleno siglo XXI, ¡increíble, Dios mío!, de los que permiten las injusticias, de los canallas y los asesinos, de los fanáticos, de los que maltratan, de los tristes, de los apagados, de los perdedores. Estoy harto porque, por ellos, este mundo ya estaría acabado, hundido, enterrado. Como un espeso y trágico silencio en la noche más oscura. Pero no lo van a conseguir. ¡No! ¡Hasta ahí podíamos llegar! ¡Creo que no nos conocen! Y no lo van a hacer porque mientras quede alguno de nosotros en pie, y mirándoles a la cara, desafiantes, su historia habrá fracasado. Mientras alguno de nosotros siga con esperanza y creyendo ciegamente en la vida, en la amistad, en los sueños, en la poesía, en este enorme hogar nuestro llamado Tierra y en el poder inmenso del corazón de los hombres, todo habrá merecido la pena. Y habrán perdido definitivamente la guerra, su asquerosa guerra, porque en nuestros ojos verán que ya no existe el miedo, su repugnante miedo, su estúpido miedo. ¡Dejadnos vivir en PAZ! ¡Y atreveos a escribid un millón de veces en la pizarra de vuestras almas la palabra AMOR!
Autor: Fran Álvarez