Bienaventuranzas del Maestro/a

Felices quienes ayudan a descubrir a los demás el camino que llevan marcado en sus corazones.

Felices quienes no sólo enseñan las asignaturas, sino los más auténticos valores del ser humano y lo que les ha enseñado día a día su propia existencia.

Felices quienes abren sus ojos y sus oídos a la vida, para que no se queden sus enseñanzas en mera teoría.

Felices quienes se preocupan de cada uno de sus alumnos y les reconocen por sus nombres y por sus sentimientos.

Felices quienes aprenden que un alumno no son sólo resultados tangibles, sino una persona con familia, relaciones, anhelos, necesidades y un futuro por construir.

Felices quienes no se ciñen a su horario y se dedican a escuchar e intentar solucionar los problemas de cualquier alumno.

Felices quienes no se creen en posesión de toda la sabiduría, sino que siguen formándose, creciendo, buscando y acumulando saber y humildad.

Felices quienes sienten tanto placer en enseñar como en aprender, en alumbrar senderos y seguir redescubriendo el suyo propio