
CONTESTANDO A MI AMIGO “EL POBRE”
Categorias: Merodio | Etiquetas: Testimonio
Por Julia Merodio
Estimado amigo:
Si tú agradeces mis escritos, no puedes imaginarte, como agradezco yo tu carta. La gente, no es capaz de enterarse de, cómo se enriquece uno cuando da; pero te aseguro que, si en mis trece años, escribiendo en Internet, solamente, hubiera recibido tu carta, me daría por compensada.
Me dices que quieres que la lea mucha gente, por si le puede ayudar a alguien; pues te diré que, desde su publicación en la Web de Paulinas, no sé cuánta gente la habrá leído, -me imagino que muchísimos- pero en mi entorno, puedo indicarte que, en primer lugar la leímos, mi marido y yo, quedando impresionados por ella. Después la he ofrecido en unas charlas que impartí esta semana sobre familia, aquí en Madrid, el miércoles volví sobre el mismo tema, al hablar de La Campaña del Hambre de Manos Unidas. Volveré sobre ella, en unas charlas cuaresmales que me han pedido para varias parroquias: Carabanchel, Vicálvaro, Hortaleza; y, cómo no, la leeremos en las reuniones de matrimonios, que te aseguro son muchas; también la ofreceremos en las charlas de catequesis a padres… y puedo asegurarte por adelantado, que a nadie le dejará indiferente.
Tu carta es, un regalo de Dios, para cuantos hemos tenido la suerte de leerla. Pero para mí, personalmente, lo que más me emocionó, fue cuando la leyeron mis hijos ya que, cuando la enseñanza sale de una vida, te aseguro que cala hondo.
En tu carta te despides diciendo: “Su amigo “El Pobre” pero tú no eres mi amigo “el pobre”, eres mi amigo “El rico”. Mi amigo porque ya puedes contar con mi amistad; y, el rico, porque las riquezas que ahora posees no son efímeras y nadie te las podrá quitar.
Te contesto al e-mail por el que me envías tu correo y en él te adjunto mi dirección personal, espero que te llegue pues, en todo lo que pueda ayudarte, cuenta conmigo. Además también mando mi contestación a la Web, para que pueda llegarte de una u otra forma.
Estaré y estaremos toda mi familia, agradecidos siempre, a tanto como nos has aportado. No te canses de seguir en esa parroquia de la que me hablas; no dejes, tampoco las reflexiones que hacéis, sobre la fe; la gente no sabe ni saborea, la dicha que supone: encontrarse con el Señor de frente y dejarle habitar en lo profundo del corazón.
Te deseo todo lo mejor.
Un abrazo. Julia
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