
Edificados en Cristo
Categorias: Merodio | Etiquetas: Testimonio
“El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha mi palabra y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetieron contra ella las inclemencias del tiempo, y en seguida se derrumbó, quedando hecha una ruina”
SE TRATA DE CONSTRUIR
Es sorprendente que, Jesús, emplee un abanico tan amplio de contenidos. Tan pronto nos invita a ser agricultores, como a convertirnos en arquitectos. Y es que, en uno y otro caso, lo que Jesús trata es de edificar, de fructificar, de construir… haciendo un gran hincapié, en la calidad de la cimentación.
Es verdad que ese Jesús que, cercano a las tareas cotidianas, no nos sorprendía al hablarnos de la semilla, del terreno, de la levadura, de pan, del grano de mostaza, de la dracma perdida… ahora nos deje un poco perplejos al tratar de darnos lecciones de arquitectura. ¡Qué puede saber él de arquitectura, si su vida cotidiana ha transcurrido en un pueblo, donde las casas están hechas de adobe y poco más!
Sin embargo parece que Jesús no va muy desencaminado cuando pretende hablarnos de ello.
Jesús, nos exhorta a construir sobre roca porque Él, no sólo ha visto su entorno, ha visto también Jerusalén y se ha parado ante el palacio de Herodes, la fortaleza Antonia y las enormes columnas del templo. Y ha visto que cuando el viento ha soplado fuerte, las lluvias han sido abundantes y ha caído una buena granizada, las únicas casas que se han derrumbado han sido las de esas pobres viudas que llamaron a su padre para que les hiciera una chapucilla, pero que las grandes edificaciones han seguido en pie sin a penas percibirse de ello.
Y es que Jesús que, de lo que realmente entiende, es de personas, de corazones, de actitudes… se da cuenta de que, lo mismo le pasa a quien no es capaz de poner en su vida unos cimientos firmes. Por eso decide elegir a unos cuantos para enseñarles a vivir, para cimentarlos en roca, para prepararlos debidamente, ya que la misión que les espera es demasiado ardua.
Qué proceder tan diferente el de Jesús y el nuestro. Estamos hablando de la JMJ donde se reunirán miles de jóvenes. Jóvenes que, la mayoría, tienen una cultura muy apreciable, con unos conocimientos fantásticos… Pero que quizá les falte lo más necesario, saber donde cimentarla o lo que es lo mismo: saber vivir, por eso creo que este sería un momento muy apropiado para preguntarnos ¿Les estamos enseñando a vivir a nuestros hijos? ¿Les hablamos, alguna vez, de cómo cimentar su vida?
JESÚS COMIENZA SU TAREA
Jesús se pone manos a la obra y empieza a compartir con los suyos su intimidad, quiere hacerlos partícipes de los secretos del Reino y para ello, los invita a subir a la barca y a separarse de la gente.
Jesús, quiere presentarles su situación, no quiere edulcorar las cosas; fijaos que distinto a nosotros, que tratamos de esconder la enfermedad, las dificultades, la muerte…, Él no, Él les habla sin reparos de lo que tendrá que sufrir y de cómo tendrá que morir… en Mateo 10, 32-45 podemos leerlo:
“Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará»
Pero los discípulos, lo mismo que nosotros no quieren penas; en nuestro tiempo actual le habríamos dicho: Mira ese es tu problema, a nosotros no nos lo cuentes, cada uno se aguante lo suyo ¡mira que presentar así la situación!
Realmente y según están las cosas, nosotros tratamos de suavizar todo esto a nuestros jóvenes, nos da miedo de cómo van a responder.
EL PAPA, TAMBIÉN HABLA ABIERTAMENTE
Sin embargo el Papa Juan Pablo II, al igual que Jesús les habla abiertamente de esa misma realidad.
Fue en el año 1986, el Papa, siente la urgencia de presentar a los jóvenes el rostro renovado de Jesucristo. Un Rostro que los atraiga y les ofrezca razones sólidas para seguirle.
Lo realmente impactante de la idea es, que tuviese la valentía de llamar a los jóvenes para presentarles una Cruz, -La Cruz de la Juventud- Y eligiese, para hacerlo, la fecha de Domingo de Ramos; día en que Jesús “sube a Jerusalén para ser entregado a los gentiles, escarnecido, insultado, escupido… y, después de todo, ser azotado y crucificado” (Lucas 18, 31 – 33)
El Papa, cuya conexión con Cristo fue tan absoluta, se da cuenta de que Jesús cuando llama a los que quería le acompañasen en su misión, no les suaviza el evangelio, no les pronuncia palabras de las que deseaban oír, no cambia su manera de actuar para que le siga más gente… Él presenta su doctrina desde la verdad y la coherencia y, eso sí, les da libertad plena para seguir su enseñanza o rechazarla.
Y, paradójicamente a lo que nosotros pensamos, parece que a los jóvenes eso les gustó, ya que el evento llega a sus XXV años de continuidad.
Sin embargo aquellos rudos pescadores se quedan descolocados. Jesús, se da cuenta de su torpeza de que no han entendido nada, por lo que da un giro total y decide mostrarles el esplendor de su gloria. De ahí que, un día, tan normal como todos los demás, llama a Pedro, a Santiago y a Juan para que lo acompañen a subir a un monte, porque no se nos olvide que, el que elige es Jesús y elige a quien Él quiere. “Muchos son los llamados y pocos los escogidos…”
Y los elige, lo mismo que a los jóvenes, para tener un encuentro con ellos. ¿Dónde los cita? Normalmente en un monte
Es significativo que el evangelio siempre nos sitúe caminando y subiendo. Habitualmente, los acontecimientos a los que, los evangelistas quieren darles una importancia especial siempre los sitúan en un monte:
- El monte de la Transfiguración.
- El de las Bienaventuranzas.
- El monte Tabor.
- El Calvario.
- El de la Ascensión…
Yo creo que Jesús pretende que descubramos que el devenir de la vida es, un no pararse, un seguir adelante… sin importar las dificultades que haya que sortear ni las piedras que haya que apartar en el camino... Y ciertamente subir al monte supone esfuerzo, supone ir ligeros de equipaje, aguantar la climatología… Jesús pretende que descubramos que, el sitio adecuado para poder edificar, no siempre es el que menos dificultades depara.
¿Y por qué La Transfiguración, el Tabor, el Calvario…? ¿No les podía haber dado una lección sobre el tema?
Jesús elige esas situaciones para irlos preparando, ante los distintos acontecimientos que les depararía la vida, lo mismo que a nosotros. Y es de agradecer que entre ellas, nos ofrezca también, las que son una visión anticipada del Reino, pues lo mismo que fortalecieron a los suyos nos fortalecerán a nosotros. No sólo porque nos gustará subir al monte de la Transfiguración, sino porque tendremos muchas subidas al Monte Calvario.
Por eso Jesús, cabeza de la Iglesia y piedra viva donde se sienta el mundo quiere irradiarnos lo mismo la esperanza de la gloria que, la fuerza de su mano en la dificultad.
LÓVENES LLAMADOS POR JESÚS
Idéntico a lo que harán nuestros jóvenes. Ellos, también serán llamados por Jesús para que le acompañen. Dejarán su lugar de origen, saldrán, se pondrán en camino… y llegarán al encuentro donde Dios les mostrará su gloria, ante ellos se trasfigurará y lo verán radiante y se darán cuenta de que todo encuentro con Jesús siempre trasfigura. Nadie que se ha encontrado con el Señor ha podido seguir siendo el mismo.
Luego los mandará volver a llevar a la gente lo que, en la JMJ han vivido y aprendido… ¡Cuándo nos daremos cuenta de que la experiencia de Dios se repite una y otra ves, estemos en el tiempo que estemos!
La transfiguración, lo mismo que las JMJ, son una experiencia de amor. Fijémonos todo en amor que circundará en ellas por parte de los que vienen y de los que reciben; y el amor siempre transfigura, siempre cambia a la persona, le ayuda a vivir, a esforzarse, a valorarse... hasta, el aspecto de la persona que ama, se vuelve más radiante.
Pero amar de verdad, exige ir muriendo un poco cada día. Este es el hilo conductor de nuestro compartir; el verdadero amor requiere vaciarse uno de sí mismo, cavar para sacar la tierra, abrir hueco, descender bajar, salir del propio yo, estar dispuesto hasta a dar la vida como lo hizo Jesús.
Pedro, “La Roca” lo dirá así más tarde:
“Acercándoos al Señor, piedra viva desechada por los hombres, pero escogida por Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu” (Pedro 2, 4 – 9)
CRISTO NÚCLEO VIVO DONDE ASENTAR LA VIDA
Hemos de vivir, por tanto, desde núcleo vivo que es Cristo, ya que desde él todo alcanza unidad y perspectiva, nada puede estar disperso, todo ha de brotar del centro único y todo ha de converger en él. Cristo como cabeza y cuerpo de la Iglesia. Piedra viva y angular.
Comprendo que esto no resulte fácil. ¡Cómo hacerlo entender al mundo de la imaginación virtual! Hoy se presenta:
- Un edificio virtual. Precioso, pero que no sirve para vivir.
- Una enfermedad virtual, estupenda porque no duele…
- El hambre “virtual” del mundo, algo que pasa pero que no mata…
Contemplando así la vida imposible llegar a Dios. Por eso Jesús, que conoce a Dios, no nos habla de forma “virtual”, ni nos busca de forma “virtual” Jesús quiere a cada persona concreta, con su peculiar manera de ser, desde su particular espiritualidad, desde su vocación personal… para que aporte toda su riqueza a ese gran edificio que es la Iglesia de Jesucristo, una Iglesia abierta a recibir los infinitos e inagotables dones recibidos del impulso del Espíritu.
No se necesita más para darnos cuenta de que, todo fuera de Jesús es arena movediza incapaz de servir de fundamento; ya que lo que Jesús nos pide es un comportamiento no basado en actos sino en actitudes vitales, no virtuales.
¡Con qué fuerza debió pronunciar, Jesús estas palabras!: “el hombre prudente edifica sobre roca…” Lo que no siempre entendemos es que Jesús nos está hablando de nuestra propia vida como tarea primordial.
Momento de Oración
Para la Oración de esta semana os propongo orar con los salmos referentes a la Piedra Angular: Cristo.
- Sé la roca de mi refugio, mi valuarte…
- Roca mía, alcázar mío… ¡Palabras dichas tantas veces, sin pararnos a pensar lo que decimos! Pero hoy nos damos cuenta de que estamos afirmando que Jesús es nuestra Roca, nuestra estabilidad única y verdadera. Dios origen y fin del ser humano, del mundo, de cuanto existe…
Otro momento de oración: Volvemos a Pedo, la Roca sobre la cual Jesús quería asentar su Iglesia y nos damos cuenta de que Jesús necesita dedicarse a Él más a fondo. Por eso lo primero que hace, como suele ser su manera de actuar, es ir a la intimidad de la persona.
Y de nuevo, un día que se encuentra a solas con los discípulos les pregunte: ¿y quién dice la gente que soy yo? –Todos sabemos el relato- ¿Y vosotros quién decís que soy? Tomando Pedro la palabra dijo: Tú eres el Masías, el Hijo de Dios.
Jesús no esconde la respuesta. Bienaventurado Tú, Hijo de Jonás porque no te ha revelado esto nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en los cielos.
Y en ese momento llega la confirmación: “Y Yo te digo que tú eres Pedro y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella y, no sólo eso, sino que además te daré las llaves del Reino de los cielos. – Te nombraré mi sucesor, el primer responsable de mi empresa. ¿Qué me dice a mí, personalmente, todo esto?
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