
ENTREGARON UNA MEDIDA REBOSANTE
Categorias: Merodio | Etiquetas: Vocacion
Por Julia Merodio
Son escasas las veces que me he atrevido a hablar de la vida consagrada.
Entro, en el tema, con admiración y respeto, pero siendo consciente de que, lo que pueda plasmar distará infinito de la realidad.
Sin embargo, siento alegría y gozo al entrar en él pues, en primer lugar admiro profundamente la Vida Consagrada y además tengo gran cariño por muchas de esas personas, muy cercanas a mí.
Después, porque creo que acercándonos a ellas y a su manera de vivir, aprenderemos a mirar con ojos nuevos y podremos mostrarles, un poquito, el inmenso agradecimiento que merecen.
“Sucede con el Reino de los Cielos lo que con un tesoro escondido en el campo; el que lo encuentra lo deja oculto y, lleno de alegría, va, vende todo cuanto tiene y compra aquel campo” (Mateo 13, 44 – 45)
UN CANTO A LA VIDA
Sé que, estaréis al tanto, de que el día 2 de Febrero, festividad de la Presentación del Señor, la Iglesia la dedica como: Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Y a mí me parece que, en este momento de la historia, en el que la vida está tratada con tan poco respeto, tratar el tema puede ser un momento de gracia y encajarla en este día un privilegio, pues ¿qué es, la realidad de la vida consagrada, sino un canto a la Vida?
Todos queremos vivir: vivir a “tope”, vivir muchos años, vivir bien. Tener calidad de vida, presentar en nuestra vejez un aspecto intachable… y, hacemos tantos esfuerzos para lograrlo que, al final, nos damos cuenta de que con tanta inquietud nos hemos olvidado de lo esencial: De Vivir.
Y es que la vida, como leemos en: Mateo 13, es ese tesoro escondido en el campo que, el que lo encuentra, no puede dejarlo escapar.
La Vida Consagrada, no siempre, está valorada como se merece; para muchos, es algo que está ahí y que no sirve para nada.
A ella pertenecen unas personas “raras” que se cierran para no enfrentarse con la realidad de nuestro mundo… ¡Qué gran equivocación!
Nuestro querido Papa, Juan pablo II, tan cercano a todas las realidades de la Iglesia intuyó esta situación y el día 2 de Febrero del año 1997 quiso, ponerla en el candelero. Para ello celebró la primera Jornada de la Vida Consagrada.
El Papa, inaugura la jornada, con estas asombrosas palabras:
“Esta jornada quiere ayudar a toda la Iglesia a valorar, cada vez más, el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo, de cerca; mediante la práctica de los consejos evangélicos y, al mismo tiempo, quieren ser, para las personas consagradas, una ocasión propicia para renovar sus propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor”
LA GRACIA DE LA ENTREGA
No es extraño que, en un mundo, donde todo se mide por la productividad, por el porte, por la indumentaria… no quepa la paradoja que ofrece la Vida Consagrada, de darlo todo, desde la mayor gratuidad. Por eso, es preciso, presentar al mundo, el gran Don que supone para la Iglesia esta circunstancia.
La Vida Consagrada, como es fácil de comprobar, no es un invento humano, sino una gracia de Dios. ¿Cómo entender con nuestro criterio que, un/una joven, con una carrera universitaria terminada, con un buen puesto de trabajo, iniciando una juventud prometedora y con un físico notable… pueda dejarlo todo para ofrecer su vida a Dios?
Realmente, visto con nuestra pobre mirada: corta y miope, es imposible entenderlo, pero visto con los ojos del alma se entiende perfectamente. Y, es que lo esencial es invisible a nuestros ojos, solamente es perceptible con los “ojos” del corazón.
Pero lo que nosotros vemos a nuestro derredor, es la falta de vocaciones que sufre, la Iglesia, en el momento actual; sobre todo en los países ricos. Es una situación que nos interroga y nos cuestiona a todos, pero no es nada sorprendente.
En la sociedad del bienestar, donde intentan sacar a Dios de nuestra vida, no puede extrañarnos lo que evidenciamos. La auténtica vocación brota de un encuentro con el Señor y, ciertamente, no vivimos en una época donde proliferan los encuentros.
Es verdad que se multiplican las reuniones, los mensajes, las citas… pero los encuentros… eso, ya es otra cosa. Yo creo que Dios tendrá que comprarse un móvil y un portátil si quiere conectar con la juventud de hoy. No nos damos cuenta de que, lo que a Dios le gusta, es el encuentro personal; sin pantalla de por medio. Le gustan las miradas profundas, las palabras cálidas, los silencios prolongados… difícil cuestión para los jóvenes de nuestro entorno.
LOS FINES DE LA VIDA CONSAGRADA
El primer fin que tiene la vida consagrada es, alabar a Dios y glorificarlo, por toda la humanidad. Ya que, esta debería ser, la condición de todo ser creado.
También, tiene el propósito, de enriquecer a la Comunidad Cristiana con todos sus carismas.
Y, ofrecer a los demás, todos esos edificantes frutos, nacidos de una vida vacía de sí mismos y entregada a los demás.
La Vida Consagrada es, la respuesta a una llamada profunda, sentida en el corazón de la persona y acogida con generosidad. Estas personas, sorprendentes, deciden seguir su vida, caminando tras las huellas de Cristo; y, con una radicalidad, que supera nuestros torpes criterios. Lo hacen desde: La castidad, la pobreza y la obediencia.
¡Qué sería del mundo sin estas personas!
Desde mi experiencia personal, puedo hablaros de la apertura tan impresionante que muestran cuando te acercas a ellos/as.
- La alegría los inunda.
- Su excelente manera de escuchar y compartir.
- Lo informados que están de las realidades de la vida.
- Como piden, a Dios, cada día por todo y por todos.
- Como gastan su vida a favor de los demás.
- Como presentan, ante el Señor, las realidades concretas de nuestro mundo.
Ellos son el pulmón de la Iglesia, el aire que necesita para respirar. Es como si, a través suyo, inspirásemos y espirásemos al Espíritu Santo, en ese aire que no se ve, pero que se necesita para que exista vida.
Ellos son, junto a nosotros, parte del Cuerpo Místico de Cristo, por eso aportan su multitud de carismas. Todos conocemos diversidad de órdenes religiosas: Las hay de clausura, dedicados/as a la oración y adoración al Santísimo; a la enseñanza; al servicio de los desfavorecidos; otros/as se dedican a atender en los hospitales; hay misioneros/as que sirven en los países más pobres de la tierra… pero todos unidos en un mismo sentir y un mismo pensar: servir a Cristo. Siendo Luz para cuantos los rodean y, ofreciendo su afluencia de dones, con la fuerza del Espíritu Santo.
TODOS SOMOS CONSAGRADOS
Otra cosa importante, que nos recuerda esta jornada es que, todos somos consagrados. Nos consagraron al Señor en nuestro Bautismo y nosotros nos consagramos, cada vez que repetimos esas promesas, como puede ser en el momento de rezar el Credo en la Eucaristía. Por eso tenemos que valorarla, como un toque de atención, para revisar esos compromisos hechos a Dios y los hermanos, desde nuestra realidad personal.
Y, aquí tenemos el acierto, del Papa al elegir el día de la Presentación del Señor para insertar esta Jornada.
Estoy segura de que quiso poner a María como el Faro para iluminarnos y el Cobijo para ofrecernos al Señor. Por eso quiso insertarla en este pasaje en el que, el anciano Simeón reconoce a Dios, en aquel niño que portaban aquellos jóvenes padres.
Pero no fue casualidad. Simeón lo reconoce porque estaba preparado. Había vivido una entrega incondicional al Señor; de ahí que, cuando aquel joven matrimonio pone a Jesús en sus brazos llega a sus ojos, despiertos, tal destello de luz, que ante el asombro de María y José, declara a gritos que es “luz de la naciones y gloria para su pueblo Israel...”
Acaba de aparecer la respuesta. Solamente los que tienen sus ojos puestos en el Señor, los que van gastando su vida por Él son los que serán capaces de descubrirlo, sin importar el ropaje con el que quiera presentarse.
Pero todavía ahonda más, los que estaban en el templo no lo conocieron, solamente los que permanecían en oración, a la escucha, en su presencia… fueron capaces de reconocerlo.
Ante nosotros se presenta la necesidad de unir acción y contemplación. Eso es precisamente lo que hacen los consagrados y, es que ciertamente las cosas de Dios son sencillas pero no simples; porque proceden del amor y el amor es ciertamente importante.
SE TRATA DE DARLO TODO
Se trata por tanto de entregar una medida rebosante. Se trata de darlo todo. De hacer una apuesta de verdad.
Por tanto sería bueno terminar revisando la diferencia que existe entre nuestra manera de medir y la de Dios.
Él, siempre dará mucho más de lo que nosotros podemos darle, pero admira profundamente, que siendo Dios cuente con nosotros para llevar a cabo su obra.
A Él, le gusta ver nuestra medida llena; le agrada nuestra generosidad, nuestro desinterés, nuestra entrega… Y ¿Quiénes mejor para darnos ejemplo que los que lo dieron todo?
Será bueno que esta semana busquemos tiempo de oración y ejemplos de gente que lo dejó todo por Cristo.
Posiblemente conozcamos a algunos personalmente, pero si no tomemos el evangelio y empecemos por los apóstoles, por María… busquemos personas de todos los tiempos, hasta llegar a nuestros días; por ejemplo nos podemos detener en Madre Teresa, gente cercana con nombres y apellidos…
Después tengamos ratos grandes de silencio y acogida, pidiendo al Señor la gracia de saber responder, nosotros, como ellos lo hicieron.
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