Cuando los carteles de DOMUND llegan a mis ojos, hay algo que me grita en lo más hondo.

Y, no sé por qué, pero este año el DOMUND tiene para mí una connotación muy significativa creo que, la persecución que sufren los evangelizadores en este momento, me lastima y me indigna.

De ahí que, El DOMUND: domingo Mundial de la propagación de la Fe sea, ese momento privilegiado que nos solidarice con cada evangelizador y nos sitúe ante nuestra propia tarea, ante nuestro compromiso de envío, de entrega, de solidaridad… Un momento que convierta nuestra rutina en una respuesta y un compromiso.

Y aquí está, un año más, este día tan señalado en el que se nos invita a trabajar cada uno allá donde nos encontremos. Pero ¿por dónde empezar?

            Bien sé que el protagonismo de esta jornada es para los misioneros y es curioso que en un mundo donde todo se cuestiona, se debate, se enjuicia… en este tema estemos casi todos de acuerdo. Es, por tanto un momento precioso para felicitar a esas personas, hombres y mujeres, que dejándolo todo, se ponen en camino hacía rumbos desconocidos, sin más avales que su fe, su confianza en el Señor y sus ganas de regalar vida por doquier. Ellos dan todo a cambio de nada y, tan sólo, para que la gente conozca a Dios y sepan que los ama inmensamente.

            A simple vista todo parece fácil y bonito, pero ¿a mí me importa algo el qué ellos no duerman mientras yo estoy en mi confortable cama? ¿Me molesta que ellos coman al día un plato de arroz mientras yo estoy en un lujoso restaurante eligiendo a la carta? ¿A mí me afecta algo el que tengan que andar kilómetros y kilómetros por parajes peligrosísimos, mientras yo voy en un lujoso coche con todas las prestaciones? Pues mira si todo esto no nos atañe, quizá deberíamos guardar esas palabras tan bonitas que decimos sobre ellos.

            Pero el día del DOMUND no acaba en ellos, quiere presentarnos además, a otros misioneros de los que no se dice nada y, que sin embargo, también necesitan tomarse en serio esta cuestión. Pero, ¿de quien estamos hablando? ¿Quiénes son esos misioneros? 

Esos misioneros somos nosotros, nadie puede escapar a esta realidad. Es misionero:

  • El sacerdote.
  • El religioso-a.
  • El padre – la madre de familia.
  • Los esposos.
  • Cada persona en particular…

Todos somos misioneros y, por lo tanto evangelizadores, trasmisores de la fe, portadores de la Buena Noticia del Evangelio. Y, lo queramos o no, a todos se nos pedirá cuenta de cómo hemos llevado a cabo nuestra misión.

Pero para evangelizar hemos de conocer el evangelio y para llevarlo a los demás tendremos que interiorizarlo y hacerlo vida.

Sin embargo la realidad nos dice que cada vez estamos más lejos de esta situación. Bien sé que, es ciertamente triste lo que voy a decir, pero no por ello deja de ser cierto. Se han pasado los años en los que había que evangelizar fuera de nuestra tierra, ahora hay que evangelizar, no sólo fuera, sino también dentro. En este momento de la historia hemos llegado a prescindir de Dios de tal manera que necesitamos una evangelización profunda y efectiva.

  • ¿Qué piensan nuestros jóvenes sobre, lo de tener fe o no tenerla?
  • ¿Qué piensan los matrimonios sobre la fidelidad?
  • ¿Qué piensa los sacerdotes sobre su compromiso y perseverancia?
  • ¿Qué piensan nuestros políticos sobre el compromiso, el servicio y la justicia?…

Ciertamente me resulta triste escribir estas cosas pero estoy cansada de palabras que no cuestionan, que no nos levantan de la silla, que no nos alteran lo más mínimo.

            Por eso este año os invito a concienciarnos de que necesitamos evangelizar el mundo donde estamos insertos. Necesitamos evangelizar:

  • La familia.
  • Los seminarios.
  • Los conventos.
  • Los sacerdotes.
  • La política.
  • Los sindicatos.
  • La prensa.
  • La empresa.
  • Los bancos.
  • Las multinacionales…

¡Imposible llegar a todo Señor! Por eso queremos ponernos en tus manos.

            Sabemos que, hay cosas en la vida que nadie puede hacer por nosotros y esta es una de ellas, por tanto es bueno examinarnos particularmente ya que se nos pide una respuesta personal y nadie podrá responder por nosotros.

  • ¿Quién soy? Me detengo para fijarme en mi realidad.
  • ¿Qué me exige mi situación personal?
  • ¿Cómo respondo a ella?

            Examinar esa circunstancia es ir al núcleo de donde parte la realidad. Os pondré un ejemplo:

            Este verano en la casa de mis abuelos encontré montones de revistas de hace 50 años y enseguida las desempolve para imbuirme en ellas, os comparto algo que llamó poderosamente mi atención: “Contaban que en una visita pastoral el Sr. Obispo llamaba a atención a un sacerdote porque no pasaba el tiempo debido oyendo confesiones, entonces el sacerdote se disculpó diciéndole: -Es que no he tenido más tiempo, he estado pintando el despacho parroquial- a lo que el Sr. Obispo respondió ¿Y para eso te hiciste sacerdote?”  

Os confieso que sentí una sacudida por todo el cuerpo. ¿Qué diríamos hoy si fuese Jesús el que nos hiciese esta pregunta?

n  El sacerdote diría:

  • Señor no he podido hacer oración, he tenido ocho horas de clase.
  • No he podido confesar porque estudio en la universidad.
  • No he podido llevar la Comunión a los enfermos porque tengo varios grupos en la parroquia.
  • No puedo decir más de una misa (en sitios rurales) porque vivo solo y tengo que hacer todo yo.

n  Y qué decir de los esposos:

  • Señor imposible sacar ni un minuto del horario para dedicarlo a ti. El sueldo no nos llega y necesitamos trabajar los dos para llegar a fin de mes.
  • Tampoco podemos ir a misa los domingos. ¡Compréndelo! Hemos hecho un gran esfuerzo para tener el chalet y tenemos que amortizarlo.
  • Bien sabemos que el niño esta en catequesis pero no pretendas que lo llevemos a la eucaristía,  hemos pagado unas clases de hípica que son carísimas y no puede faltar… Así podemos ir poniendo excusas de todo tipo, para defendernos diciendo: es verdad no voy a misa, ni hago oración, pero Dios también está en los caballos. Os aseguro que esto que comparto no me lo estoy inventando, me lo han dicho personalmente, cuando impartía catequesis a padres de los niños de primera Comunión.

n  Llegamos a los jóvenes:

Nuestros jóvenes son magníficos, auténticos… ellos no tienen dobleces. Y yo con un poquito de sorna diría –por eso no tienen donde esconder a Dios- lo han sacado de su vida directamente.

  • No van a misa porque es un rollo.
  • Se van a vivir juntos para estar seguros antes de dar el paso.
  • Se separan nada más que dan el paso.
  • Si hay un valiente que declara vivir el evangelio se ríen de él.
  • Si opina que es estupendo llegar virgen al matrimonio le dicen arcaico.
  • Huyen de los compromisos porque necesitan ser felices.
  • Viven en una sociedad de consumo que los taladra sin piedad.
  • Y cuando “su mundo” esto funciona se refugian en lo fácil: en el alcohol, en la droga…

n  También tendrán que examinarse las personas mayores sobre cuál es su respuesta:

  • ¡A vivir que son dos días!
  • Imposible pensar en Dios, nosotros hacemos bailes de salón, gimnasia, aeróbic, natación… y, de vez en cuando, viajecito del Inserso… bastante hemos trabajado en la vida, ahora el tiempo que nos queda a pasarlo bien.

n  Más, como os habréis dado cuenta, todavía faltarían por examinarse y responder algunos más, los más arduos, los que no sé si estoy capacitada para hacer en su nombre un planteamiento real. Son: Los políticos, los banqueros, los que manejan los sindicatos, los poderosos, los que dicen representarnos…

  • Ellos, defienden nuestros bienes, pero de una forma tan extraña que en lugar de crecer menguan.
  • Persiguen el maltrato hasta límites insospechados pero, con palabras bonitas, quieren que nos parezca precioso el asesinato de inocentes y la destrucción de jovencitas, a las que se les ofrece una sexualidad distorsionada.
  • Buscan personas formadas, pero al ofrecerles materiales para esa preparación, se les va la mano en la Educación para la Ciudadanía.
  • Velan por los más pobres pero las fotos en los periódicos nos hacen ver donde viven ellos, lo que comen, donde veranean, lo que poseen… y como crece la fila del paro, abultada por aquellos de los que dicen estar cuidando.
  • Se les llena la boca pregonando que solamente se puede servir al pueblo desde la verdad, pero no aparecen esas realidades por ninguno de sus objetivos…
  • Buscan solamente la paz, pero se olvidan que la paz sin justicia es una alienación.
  • Y, ahí los tenemos, unos y otros, velando por nuestros intereses, lo que no sé es con qué interés lo hacen.
  • Los bancos ya no pueden dar créditos por lo difícil de la situación, pero los proporcionan millonarios cuando son avalados, por ese dinero, del que dicen no ser de nadie.
  • Y todos sabemos que, es una persona física la que nos atiende al solicitar un crédito, pero unas siglas las que nos dejan sin casa.
  • Situaciones y situaciones que están en la mente de todos y que, podríamos seguir plasmando hasta el infinito, por eso seguiremos adelante, dejando que cada uno que se haga su planteamiento personal.

 

            Así, después de ver lo que nos rodea: ¿Qué pensamos ahora de lo de evangelizar el mundo?

             Desde que Jesús, eligiese a los doce y los mandase a evangelizar, no ha dejado de optar por personas de todos los tiempos para confiarles su misión y enviarles, como a ellos, a predicar la Buena Nueva del Evangelio.

Más, no esperemos que Jesús nos dé una doctrina sobre Dios, ni un libro de instrucciones. Cuando Jesús llama a seguirle no nos pide que sepamos mucho, ni que tengamos buena presencia, ni don de gentes, ni modelos de última moda...   ¡No! Jesús no hace casting. Jesús, sólo quiere oír de nuestros labios ¡Aquí estoy!

            A Jesús le preocupa el cambio del ser humano; porque, solamente cuando la persona cambie, empezará a cambiar nuestro mundo recuperando los valores perdidos y será capaz de hacer, cada día, un hueco mayor para que vaya entrando en él el Reino de Dios. Reino de justicia, de paz, de verdad, de amor...

Mas, si a Jesús le preocupa el cambio de corazón de sus seguidores y nosotros hemos decidido seguirle, bueno será que paremos un momento y nos examinemos, cada uno en particular, para ver en qué cosas tenemos que cambiar; a fin de aportar nuestro granito de arena para que las características del Reino presidan nuestra existencia.

            Por eso, sería bueno que hoy nos situásemos allí donde la vida nos ha puesto (familia, comunidad, trabajo, entorno, amigos...) y después de pensar que hemos sido enviados como evangelizadores,  tuviésemos la valentía de interrogarnos:

  • ¿Soy consciente de que, entre los que me rodean, mi comportamiento dejará  una huella buena o mala?
  • ¿Qué necesidades descubro en los míos y paso por alto, para no complicarme?
  • ¿Soy capaz de ayudar a saciar el hambre de Dios, que existe entre los que me rodean?
  • ¿Pienso que, si no comparto mi pan, otros pasarán hambre?
  • ¿Pienso que, si no regalo mi tiempo, otros seguirán tristes, solos, decepcionados?
  • ¿He caído en la cuenta de que, como enviado, tengo que ofrecer el verdadero rostro de Jesús?
  • ¿Soy consciente de que para ello tengo que parecerme, lo más posible, a Él?

Aquí está nuestra libertad y los dos platillos de la balanza. Ya veis, en uno: egoísmo, despilfarro, críticas...; en otro: trabajo, ayuda, esfuerzo, amor... En nuestro caso concreto ¿cuál de los dos se ha inclinado más?

Sea cual sea, no nos inquietemos, tomemos conciencia de ello y pidamos al Señor su gracia para ir cambiando nuestro corazón, renovándonos lo más posible. Pero siempre con la seguridad de que Dios nos quiere como somos. A ti y a mí nos toca responder a tantas gracias, con nuestro incondicional salido de lo más profundo de nuestro ser.

            No escatimemos esfuerzos. Digámosle al Señor con la mayor sinceridad:          Señor:           

  • Procuraré, ser evangelizador en mí familia, estando atento para no olvidar ese detalle que tanto esperan de mí.
  • Procuraré ser evangelizador en mi ambiente, dando testimonio de mi preocupación por los demás.
  • Procuraré ser evangelizador, en los pequeños detalles, que eso me llevará a otros mayores.
  • Rezaré mucho por las vocaciones y tomaré conciencia, de que las vocaciones nacen de las familias cristianas.
  • Pero, sobre todo Señor, me dejaré iluminar por Ti, hasta que sea capaz de descubrir, todo eso que Tú quieras mostrarme para ofrecerlo a los demás.  

Y sigamos así, hasta que desde lo profundo de nuestro ser, podamos decir con convicción:

Señor: yo quiero ser misionero, quiero ser evangelizador, quiero ser estrella que lleve tu luz a todos los rincones de la tierra.