Por fin, después de mucha dificultad logramos comunicarnos con nuestras hermanas de Haití. La situación es todavía muy dura pero las hermanas no bajan la guardia e intentan hacer lo posible para subir la moral de los haitianos que se sienten dejados de la mano de Dios. Sin gobierno en un lugar ya tan empobrecido, con unos gobernantes que luchan por el poder y dejan a la gente tirada malviviendo en campamentos sin ninguna seguridad física ni sanitaria. Lo que más salta a la vista es la destrucción.

Con todo hay muchos que trabajan para aliviar a los más abandonados y reconstruir ni que sea poco, escuelas y hospitales, pero lo que falta para hacer no tiene medida. Hay muchos que se preguntan donde han ido a parar los grandes donativos de los estados.

El 12 de enero al cumplir el año del fatídico terremoto con Médicos sin Fronteras y Médicos Mundi, las hermanas organizaron una concentración de amputados en el pequeño hospital que tienen en la Plaine. En la cancha de dicho hospital, se trajeron todos los amputados de Puerto Príncipe, les dieron una charla sobre la esperanza y después les ofrecieron una comida de hermandad. Son pequeñas acciones que no parecen nada pero para este pueblo desanimado y por otro lado tan festivo les ayuda mucho.

Por la tarde recibieron la visita del cardenal Robert Sarah, presidente del Consejo Pontificio “Cor Unum” que se acercó a la tumba del malogrado arzobispo de Puerto Príncipe que falleció en el terremoto. Luego celebró una Eucaristía para todos los difuntos. También entregó un fuerte donativo de parte del Santo Padre.

En Haití persisten dos versiones contradictorias: Una optimista, de lo mucho que se ha hecho por la reconstrucción y lo mucho que los gobiernos han hecho por este pueblo. Otra pesimista, la de los que trabajan en el país y de los que lo han visitado. Dicen que todo está casi exactamente igual que hace un año por lo que no podemos bajar los brazos sino continuar a pensar que Haití nos necesita por mucho tiempo.

Hay quien critica muy duramente a los haitianos que están postrados sin hacer ningún esfuerzo para levantarse. Quizás si convivieran con este pueblo durante un tiempo cambiarían de opinión. Lo que sucede es que no hay gobierno ni quien de órdenes razonables de lo que hay que hacer y por otro lado es un pueblo que ha sufrido muchos golpes y los ánimos decaen ante tantos porrazos.

Por esta razón las Hermanas de la Presentación intentamos reconstruir personas y en la medida de lo posible organizar asociaciones de barrio, dar educación esmerada a la niñez, atender a los enfermos y ancianos, enseñar a realizar trabajos manuales por los que los haitianos tienen mucho arte, exigir a los trabajadores un trabajo bien realizado. Todo esto no se hace sin esfuerzo y un empezar cada día con nuevos ánimos.

Del dinero que se ha recogido para Haití, las hermanas lo han empleado en las escuelas, para adquirir material escolar, en dar una comida sana a todo niño que acude a la escuela, en agua pura para evitar epidemias, en emplear gente para cocinar, en la compra de víveres.

A todos los que asisten a los cursos que se organizan se les da un plato de comida y también a los acompañantes de los enfermos del hospital. Desde España se han mandado muchos medicamentos.
Se ha adquirido el terreno para construir un gran dispensario y una guardería para niños de cero a seis años. Lograr tener una escritura por la compra del terreno ha costado Dios y ayuda. Ahora el problema es adquirir material. Este pequeño país caribeño no dispone de él, y actualmente, con el problema del cólera, ningún camión entra en Haití desde República Dominicana. Todo es lento, hay trabas por todas partes pero el amor hacia este pueblo da a nuestras hermanas una fuerza increíble. Ellas dan las gracias a todos los que les estamos ayudando, también la gente de Haití que es muy agradecida.