Todos sabemos que, con motivo del Día Internacional de la Vida que se celebra el 25 de Marzo, habrá en toda España concentraciones y manifestaciones a favor de la vida. En Madrid, la convocatoria nos cita el día 26 sábado, a las 12 de la mañana en la Plaza de Cibeles para llegar a la Puerta del Sol; y, en Zaragoza –ciudad muy afín a mí- será, a la misma hora, en la Plaza del Pilar. 

¡Cómo me gusta que sea el día de La Anunciación, 25 de marzo, cuando se celebre el Día Internacional de la Vida! Yo no sé cuánta gente es consciente de ello ya que, al no ser festivo, quizá pase inadvertido para muchos.  

 

ANTE LA VIDA

            Sabemos, que no hay nada más importante que la vida. La amamos apasionadamente; la buscamos sin parar, como si se nos escapase y, aunque tratamos de vivirla frenéticamente, la verdad es que, poco a poco, se nos va de las manos. Pero es curioso que, por alargar la vida, seamos capaces de comprometer la propia vida.

            No hay un valor más importante que la vida; aunque, a veces, nos complique tanto la existencia. Basta, si constatamos que hay muchos que enferman por temor a perderla.

            La vida es algo tan intrínseco, tan directo que brota sin tener nada que hacer por nuestra parte. Surge de las raíces más íntimas y la misma naturaleza nos lleva a amarla, a cuidarla, a reconocerla…

            Por eso, el día de la Anunciación, la Vida toma un protagonismo tan especial porque ese día, el mismo Dios se encarna, en las entrañas de una mujer para ofrecer la suya por todos, como garantía de salvación.

            De ahí que la fecha del 25 de marzo sea la encargada de recordar a los “no nacidos” cuya vida está más amenazada que nunca. No deja de ser sorprendente que, en tiempo de Jesús, cuando la gente no gozaba de nuestra cultura, ni nuestros adelantos… no se encuentre, en ninguno de los escritos que conocemos, ni una palabra dirigida en esta dirección. En aquellos tiempos crueles, donde los conocimientos de la gente eran más que relativos, todavía los padres no asesinaban a sus hijos.

            Soy la primera en saber que cuando toco este tema me ciega la pasión ¡me toca demasiado cerca! Ya he compartido, en otras ocasiones, que nuestro primer hijo, un niño querido y esperado con amor no me llegó a término y mi cuarta hija, que tiene ahora 30 hermosos años, querían hacérmela abortar porque era un embarazo con bastante riesgo; pero nos opusimos frontalmente a ello; y, ya veis, ahora las dos estamos en esta vida: yo, llegando con mis escritos hasta vosotros y ella, tanto profesional como solidariamente, haciendo muchas cosas y muy valiosas con jóvenes.

            Es por esto, que me enerva oír lo de “interrupción del embarazo” ¡Qué forma más ruin de disfrazar un delito! Cuando algo se interrumpe, es para volver a ello más tarde; pero, no creo que un niño succionado a trozos por un aspirador, pueda volver de nuevo al útero de su madre.

            Y mientras tanto, los defensores del aborto, debatiendo el tiempo en que se puede matar al niño impunemente, con el respaldo de progreso; ya que están copiando de los países más avanzados

 ¡Qué barbaridad! Y, claro, a las catorce, o veinte, o…. las que quieran semanas, no pasa nada… simplemente es una interrupción… ¡Cuidado! El suavizar las palabras no altera el hecho. Es un asesinato y como tal penado por el código civil. Y entre ese día que debe trascurrir para que sea o no asesinato ¿Podrían describir la hora, el minuto y el segundo en que la cosa pasa a ser una trasgresión? ¡Seamos  serios y humanos, por favor!

            ¿Se ha planteado alguien lo que pensarán de sus padres, los niños nacidos, cuando conozcan que, ellos mismos, mataron a sus hermanos?

Lo miremos por donde lo miremos el hecho no puede ser más aberrante.

 

LA MADRE 

            Hemos llegado a la segunda parte: La madre. Una mujer indefensa, quizá presionada por todas partes, sin capacidad para trabajar debido a su estado de gestación y, desgraciadamente, sola. ¿Qué hacer? ¿Cómo salir adelante?

            Se les llena la boca a esa gente acomplejada, que tiene que defender lo indefendible, diciendo: “La madre es la que decide” ¿Cómo? ¿Qué decide la madre? ¡Qué más quisiéramos! ¡Seguro que si decidiese disminuirían substancialmente los abortos!

            La madre es la que sufre; la que llevará el trauma toda su vida; la que no podrá dormir por las noches…; la que se expondrá, en “un determinado sitio”, a veces en condiciones dignas y otras de forma deleznable, para someterse sola ante profesionales más o menos cualificados a asistir al aniquilamiento de su hijo, sin más amparo que el de Dios. Porque podéis estar seguros que, aunque todos la hayan abandonado, Dios no la abandonará. Por eso, el único que estará con ella en esos inenarrables momentos será Dios; no para aprobar el hecho, pues Dios es el Dios de la Vida, sino para devolverle la dignidad que otros le están arrebatando. Hará con ella lo mismo que con la pecadora: “Mujer nadie te ha condenado, yo tampoco, pero vete  y no vuelvas a hacerlo más”

            Si hay alguna mujer que ha pasado por estas circunstancias y me está leyendo le diré que pido, un día y otro, por cada madre que está pasando momentos tan dolorosos como este. Y que no vivan sumidas en ese dolor tan profundo que produce un hecho de esta categoría; que traten de salir adelante, que la misericordia de Dios siempre es más grande que nuestra torpeza.

            Pero no olvidemos que, lo que cuenta es: “El… de ahora en adelante”; por lo que estamos instados a luchar, con todas nuestras fuerzas, para que no haya ni un asesinato más en niños no nacidos; y, que si quieren preguntar a alguien lo que opina de ello, que le pregunten al feto, quizá tenga mucho que decir.

Ante todo lo expuesto sólo me queda añadir que, aunque los promotores de tal aberración, -lo disimulen de manera prodigiosa- saben bien que la grandeza de Dios sobrepasa nuestra mente humana; pero saben, también, que reconocerlo les exigiría demasiados compromisos.

Por eso dejaré de seguir hurgando en la llaga, para invitaros a fijarnos en que, lo más maravilloso es observar que, Dios siempre tiene algo nuevo para regalar a cada vida humana y que, aunque haya gente que crea que esto ya no tiene marcha atrás, lo mejor de la persona siempre está por aparecer.