El ángel del Señor se presentó a los pastores para decirles “No temáis, os traigo una buena noticia: os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor”  (Lucas 2, 7 – 14)

VAMOS A ADORAR AL MESÍAS

            Si hace dos semanas os invitaba a contemplar, hoy tengo que volver a hacerlo de una manera especial, pues no se puede ir a la cueva de Belén buscando encontrar cosas sorprendentes, como acostumbramos en cualquier visita turística. ¿Quién pretenderá ver en la cueva de Belén algo que le alegre la vista? ¿Qué se puede encontrar en ella que invite a viajar para observarlo? ¡NADA! Allí todo es pobreza, escasez, penuria, miseria…

            Sin embargo, es sorprendente observar, que nadie puede llegar a ella y quedar indiferente.

            La presencia de unos jóvenes allí albergados, de los que la esposa está a punto de dar a luz, parece atraernos a la vez que nos extraña. ¿Cómo habrán elegido, ese lugar sombrío, para tan feliz acontecimiento? ¿Tan pobres son, que no pueden elegir algo mejor?

            La serenidad de la esposa nos deja asombrados. Allí no hay ginecólogo, ni matrona; allí no hay desinfectantes, ni material quirúrgico; tampoco agua corriente, ni siguiera un calefactor para dar un poquito de calor al Niño que está a punto de llegar.

            Es verdad que, el esposo, ha limpiado el lugar para hacer la estancia más confortable, pero al margen de lo que el sitio ofrece, encontramos a los jóvenes llenos de gozo, esperando lo más preciado de su alma: Su Hijo.

 MOMENTO DE ADORACIÓN

            Aunque, a simple vista nos haya parecido que, en aquel espacio no había nada propio de contemplación, aquellos jóvenes esposos y su manera de actuar gritan por sí mismos, que ellos no son una pareja convencional, que su interior esta lleno de, ese algo, que supera cualquier acontecimiento, que su interior está lleno de Dios.

            Por eso, después de vislumbrar su realidad, nadie puede quedar impasible, ante cuantos lo contemplan aparece, ese momento tan especial, que te hace caer de rodillas para que la contemplación de paso a la Adoración. A la Adoración del Misterio de Dios.

            Parece que las piezas empiezan a encajar. ¿Quién puede contemplar el nacimiento de Jesús, sin caer de rodillas y adorarlo?

 

“Mientras estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada”           (Lucas 2, 6 – 7)

  

LA NAVIDAD DE HOY

Sin embargo creo que, antes de llegar a la adoración, deberíamos ponernos ante el Señor y plantearnos, desde el silencio, lo que es la navidad para el mundo moderno, para el tiempo presente. Porque necesitaríamos conocer la verdadera realidad, de lo que la Navidad significa para los que vivimos en este momento de la historia.

Para ello podríamos preguntarnos:

  • ¿Cómo será, este año, nuestra Navidad?
  • ¿Cómo la vivirá cada país?
  • ¿Será una Navidad como costumbre?
  • ¿Será una Navidad, como fecha para recordar?
  • ¿Será, una Navidad organizada por los grandes y pequeños comercios?
  • ¿O será una Navidad, en la que dejemos a Dios, nacer en cada ser humano de la tierra?

 PERCIBIENDO LA NAVIDAD

 

            Es verdad que, ni siquiera en la primera Navidad los contemporáneos de Jesús, fueron capaces de percatarse de ello. Fueron pocos los que la detectaron y los que lograron encontrarla, tuvieron que ser avisados por unos Ángeles; ¡ni siquiera la auténtica Navidad fue percibida por el ser humano! Sin embargo nada de lo que pasó, pudo impedir que la Navidad tuviera lugar como estaba previsto.

            Más, seguimos viendo con tristeza que, las cosas han cambiado poco. Veintiún siglos después, continuamos sin tomar conciencia de que Jesús vuelve a salvar a nuestro mundo. Y no es porque no hayamos arreglado este año: las calles, los comercios, los colegios, las casas... con adornos, árboles y luces; el motivo, por el que nos damos cuenta de ello es, porque echamos de menos la alegría, el entusiasmo, la sorpresa, la felicidad…

La gente casi no quiere ni oír hablar de Navidad. Tanto es así que, ni siquiera ha podido encontrar un sitio en las noticias más importantes del año, para salir destacada en los periódicos de mayor tirada, ha habido demasiado paro, demasiados muertos, demasiadas víctimas, demasiados escándalos, demasiado sufrimiento… como para hablar de la auténtica Navidad, por eso hemos intentado tapar, tanto dolor, con un derroche de alcohol, comidas y regalos para poder situarnos en las fechas que, a pesar de todo, seguimos añorando.

            Por eso creo que, este año, sería importante poner un letrero en un sitio visible de nuestra casa donde se leyese:

“Señor: como esta Navidad estaré muy ocupado y  tal  vez,  no  pueda ir a verte a la Cueva de Belén, te pido que Tú vengas s mi casa para verme”

NAVIDAD: ENCUENTRO Y CARIÑO

Sin embargo, como aquellos pastores de la primera Navidad, habrá muchas personas dispuestas  a encontrarse con Dios, a  vivirla  con  autenticidad, capaces de  grabar  en  su  interior: el  “Dios-con-nosotros”

            Es Mateo, el evangelista más reiterativo, el que pretende cincelar en cada corazón, esa presencia-encuentro, que encierra: el Dios-con-nosotros.

            Mateo quiere alertarnos, de la imagen de Dios en nuestra vida, abarcando todos sus momentos:

-       Dios en nuestra vocación.

-       Dios en nuestra misión.

-       Dios en nuestra oración.

-       Dios en el hermano que camina a nuestro lado…

Lo que pasa es que, a nosotros, no siempre nos viene bien el llevar a Dios tan pegado. Es verdad que, cuando tantos acontecimientos nos desbordan, nos sorprenden, nos golpean, nos desconciertan… somos los primeros, en colocar a Dios junto a nuestras vicisitudes. Pero cuando lo encontramos metido en esas opciones que no son demasiado recomendables, ciertamente nos resulta incómoda su presencia.

            Y no es, que queremos prescindir de Él, simplemente queremos tenerlo a la distancia justa para que no nos comprometa, aunque no queremos que quede demasiado alejado, para poder recurrir a Él, en caso de apuro.

            Por eso la Encarnación nos desconcierta. El compromiso de un Dios que se encarna tiene demasiado riesgo, y familiarizarse con ese Dios que no viene a ocupar un lugar privilegiado, sino a vivir nuestra misma realidad, se nos escapa de la mente. Nosotros podemos “reconocer”, con relativa facilidad, a ese Dios que está en el templo; pero “reconocerle” en cada persona es pedir demasiado, aunque ese sea el templo donde Él habita.

            Sin duda, debemos plantearnos en serio, que nuestra vida necesita una nueva Navidad.

CONTENPLANDO LA NAVIDAD

            Acabamos de hacer un planteamiento de la Navidad en el que, la contemplación y la adoración forman una unidad. No las abordemos someramente. Dediquémosles tiempo. Dejamos a Dios que nos ayude a contemplar y adorar a su lado.

            Dejemos aparte, todo eso que nos gustaría saber de qué y cómo pasó; preocupémonos, más bien de sentir lo que está pasando. Sabiendo que esa contemplación-adoración quedará incompleta si no llegamos: Al verdadero Encuentro.     

            Así cuando el ruido de la calle cesa; cuando las inquietudes se relativizan; cuando el silencio impera y la boca calla; sin decir nada y diciéndolo todo; sin pretender nada y anhelándolo todo… se produce el verdadero encuentro, ese encuentro que llena el alma de certeza y seguridad.

            Es el encuentro del Tú a Tú, la cercanía de Dios, el trato de corazón a corazón…

            Es la entrada, a ese mundo de Dios donde no se va a conquistar nada, porque todo es gracia y don.

Es el momento en que ya no necesitas conocer, a Dios, intelectualmente, lo sientes y lo vives; y el encuentro se hace experiencia y notas que ha llegado, a tu vida, la verdadera: NAVIDAD

EL MISTERIO DE BELÉN

Llegar al Portal y encontrarte con María, José y el Niño, es percibir que, ante el misterio de Belén, en el silencio de la noche, todo se hace asombro, paz, gozo interior, ternura infinita.

            Solamente podemos conocer dónde está Dios, cuando se rompen nuestros esquemas mentales, cortos y limitados para dejarnos que su infinitud nos haga gustar del misterio.

            Para entrar en la cueva de Belén a ver a María, a José y al Niño   hay que agacharse, hay que arrodillarse, hay que mancharse de polvo del suelo para llegar al pesebre y tocarlo. Y cuando estés ante Él, déjate contagiar de la delicadeza, la simplicidad, la humildad, la paz... que allí has encontrado. Vive en encuentro. Adora la presencia.

            Ahí está la Palabra hecha carne. Dios comunicándose con el ser humano. Porque la Navidad es la Palabra real, densa, manifestada y revelada. Es la apertura de lo más personal de Dios, su misericordia, su amor, su plenitud, su increíble delicadeza. Sin la Navidad, a nuestra vida le hubiera faltado la luz de la revelación.

            Con Jesús, nuestra humanidad ha quedado bajo su Amor, que enjuga nuestras lágrimas con su calor y bondad.

            Por eso, este año, hemos de proponernos celebrar en serio la Navidad. Vivir cada momento con esa fuerza, de dentro, que lleva al encuentro y deja un sello en el alma. No escatimemos esfuerzos. 

            Dejémosle que nazca: en nuestra casa, en nuestra familia, en nuestros hijos...

Necesitamos vivir de tal manera, que le guste ocupar un sitio en el “Belén” de nuestro corazón.

Que le guste: nuestra naturalidad, nuestro compartir, nuestra alegría, nuestra paz.

No nos empeñemos en levantar, en su honor, castillos sin escatimar los gastos; Él no necesita nada de eso.

-       Él se contenta con un rinconcito, del corazón, para sembrar una semilla.

-       Él necesita que nos dejemos traspasar por un rayo de su luz.

-       Necesita sacarnos de nuestros condicionamientos.

-       Necesita que seamos, ahí donde nos ha tocado vivir, constructores de: fe, esperanza, alegría, ilusión.

            Y cuando esto haya ocurrido, nos daremos cuenta de que, Dios ha nacido en cada uno de nosotros.

Porque a nuestra vida habrá llegado: La verdadera Navidad.


    ¡¡¡OS DESEO CON TODO MI CORAZÓN UNA FELIZ NAVIDAD!!!