
Preocuparse de que haya justos suficientes
Categorias: Hna Gaza | Etiquetas: Cosas De Dios Y De La Vida
Cuando Abraham, supo que Dios iba a exterminar los habitantes de Sodoma, el patriarca abordó al Señor diciendo: “¿Así que vas a exterminar al justo junto con el malvado? Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Es que vas a borrarlos, y no perdonarás a aquel lugar por los cincuenta justos que hubiera en ella? Tú no puedes hacer tal cosa: dejar morir al justo con el malvado, y que corran pareja suerte. ¿Tú que eres el juez supremo del mundo no harás justicia? Entonces el Señor le contestó: Si encuentro cincuenta justos en la ciudad de Sodoma, por ellos perdonaré a todos los que viven allí”.
A partir de esta cifra se entabla un forcejeo entre Dios y Abraham. “Perdona, Señor, que sea tan atrevido al hablarte así, pues tú eres Dios y yo sólo soy un simple hombre; pero tal vez falten cinco inocentes para completar los cincuenta. ¿Sólo por faltar esos cinco vas a destruir toda la ciudad? Y el Señor contestó: Si encuentro cuarenta y cinco inocentes, no la destruiré”.
Abraham, el amigo de Dios, se atreve a continuar con la rebaja de justos hasta llegar al número de diez, y cada vez el Señor Dios le respondía que por aquel número no destruiría la ciudad.
“El patriarca ya no se atrevió a ir más lejos y se retiró a su tienda”. (Gen 18, 1-33). Este texto siempre me impresiona, cuando lo leo, y me digo: ¿No debería ser esta nuestra actitud cuando nos presentamos ante Dios? Primero, la franqueza y confianza que tiene Abraham con el Señor. Le habla como a un auténtico amigo con el cual se puede discutir, opinar y hasta estar en desacuerdo, sin embargo no se quiebra la amistad porque es algo mucho más profundo. Segundo, me pregunto también, ¿qué hubiera pasado si el patriarca hubiera ido hasta un justo dentro de la ciudad?, ¿los habría perdonado el Señor? Pienso que sí. Tercero, nuestra misión es interceder por los justos y los pecadores. Pues como dice Benedicto XVI en el libro “Luz del mundo”: “La Iglesia está siempre llamada a hacer aquello que fue objeto de la petición de Abraham: preocuparse de que haya justos suficientes como para contener el mal y la destrucción”.
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