Hace unos días, me encontré con unos amigos que, al parecer leen mis artículos, y me dicen: Todos tus escritos sobre la JMJ reflejan lo positivo que vivimos en ella, pero te deberías implicar en lo que hubo de negatividad.

No todos la acogieron con agrado, no todos querían que viniese el Papa a España, incluso hubo personas que arremetieron contra los que habían venido, a vivirla en son de paz.

            ¡Es verdad! –Me dije- Ni se me había ocurrido tocar el tema, sin embargo me parece algo precioso podérselo presentar al Señor.

De ahí, que en este apartado, trate de abordarlo con respeto y cariño, invitándoos a poner ante el Señor, a esas personas, que creen no querer aceptarlo en sus vidas.

 

LOS ATAQUES A LA JMJ

            Sería tonto ocultar que hubo discrepancias, tanto en la realización como en la acogida de la JMJ, e incluso ataques a los que queríamos y estábamos encantados de poder vivirla. Pero esos ataques que, pretendían ser ataques contra Dios, estaban muy lejos de serlo, aunque esas fuesen las pretensiones de cuantos los realizaban.

            Estoy segura de que, ellos no eran conscientes de que ese Dios al que atacaban, no era el verdadero Dios, no era nuestro Dios.

Atacaban esas imágenes que se van fabricando, esas imágenes distorsionadas de, ese Dios del que intentan huir, pero que nada tienen que ver con el Dios al que nosotros pretendíamos encontrar en esas memorables jornadas.

            Viene a mi mente al tratar esta situación, ese pasaje de los Hechos de los Apóstoles 17, 23-31, cuando Pablo en el Areópago de Atenas, centro de la cultura, de dirige a su auditorio diciendo: “Todos habéis visto en el Partenón un altar al Dios desconocido, pues a ese Dios es al que vengo yo a anunciaros”

            Y ese es el Dios al que vino a anunciar al Papa, aunque algunos pretendieran seguir anclados, atacándole porque no lo conocían.

 

ANTE UN PROYECTO SEDUCTOR

            Todas estas discrepancias, que tanto han podido sorprender a algunos, Jesús las conocía perfectamente. Él sabía que, en todos los tiempos de la historia, ha habido personas a las que su mensaje no les ha apasionado y nuestro tiempo no iba a ser distinto.

            No necesitamos nada más, que entrar en el Evangelio, para observar las dudas e interrogantes que, el mensaje de Jesús, ha planteado incluso a muchos de sus seguidores.

            Creo que todo el que intenta seguir a Jesús de cerca, se ve envuelto en esa neblina de incertidumbre. ¡Cuántas veces os he compartido como me seduce la columna de nube que se ponía en la tienda del Encuentro! ¡Es un pasaje fantástico! En él, no se quiere plasmar el que Dios sea algo oculto y misterioso para nosotros, simplemente nos muestra, esa nebulosa que nos hace imposible llegar a su mente, a sus planteamientos...

Dios siempre es más de lo que nosotros podamos pensar, percibir y abarcar. El salmo nos lo recuerda perfectamente: “Mis caminos no son vuestros caminos –dice Dios- ni mis sendas vuestras sendas. ¿Quién puede entrar en la mente de Dios?”

           

NADA ES AJENO PARA DIOS

            “Me sedujiste, Señor y me dejé seducir…”

            Lo que, en aquellos tiempos, -en que Jesús vivía sobre la tierra- estaba sucediendo, no era ajeno para Dios, ni lo que ocurría en la JMJ tampoco. ¡Tanto! Que a cuantos le seguían les plantea una parábola para hacerles comprender.

            “El Reino de los Cielos –les dice- se parece a un tesoro escondido…”  Los que lo escuchan quedan asombrados. “Un campo, un tesoro…” ¡Con lo que ellos ansiaban encontrarse con un valioso tesoro, que pudiese sacarlos de su precariedad!

            Pero Jesús les estaba poniendo ante una experiencia de vida. Una experiencia conocida por la mayoría de los que habían venido a España a compartir la JMJ. Por eso, ellos no responden al ataque con otro mayor.

Ellos vienen buscando otra cosa, buscan a Ese que les ha hablado del Tesoro escondido, que conoce el campo donde se oculta y la ganancia del que lo halla; el resto les parecía accidental.

 

LOS DISCONFORMES

            Estoy segura de que, la mayoría de los que atacaron a los recién llegados, en el fondo de su corazón buscaban lo que el Papa venía a traernos, el problema estaba en que lo buscaban por caminos equivocados.

            La inmensa mayoría educados en familias cristianas y colegios religiosos abandonaron el camino sin haber saboreado a Dios y tengo que deciros que no los juzgo, pues si no se es capaz de descubrir esa experiencia de Dios, que nos ha venido a comunicar Jesús, la religión es una teoría sin alma.

            Pero alguien puede creer que ellos no se interrogan sobre ¿qué hacer con sus vidas?

            El problema está en que, ellos quieren hacer de su vida lo que todo el mundo. Acabar una carrera, ganar mucho dinero, tener una buena casa, un buen coche, divertirse a tope y pasarlo, todo lo bien que puedan.

            Sin embargo, los casi dos millones de jóvenes que estaban en Cuatro Vientos la noche del sábado, priorizaban otras cosas. Ellos necesitaban que el Papa les presentase:

  • Unos ideales que les ayudasen a sentirse: jóvenes alegres y dinámicos.
  • Porque aspiraban a no morir de aburrimiento y tedio, haciendo lo que les marca el sistema consumista.
  • Ansiaban oponerse, a ese reparto injusto de la riqueza, que está permitiendo que media humanidad se muera de hambre, mientras otros despilfarran y derrochan a manos llenas.
  • Querían llenarse de energía, para batallar contra esta sociedad enferma en la que los derechos de los más débiles no son respetados.
  • Querían dejar de ser unos jóvenes hastiados de tanto engaño e hipocresía.
  • Querían… ¡Tantas cosas!

 

UNA SOCIEDAD QUE VIVE TRISTE

            Una de los aspectos que más impactaron de los peregrinos y que se comenta reiteradamente, es el de su alegría. Pero ahora lo entendemos, es imposible encontrar el tesoro y no estar alegres.

            Si hay algo que se repite en la sociedad de hoy donde, a pesar de la crisis sigue habiendo bienestar, es la falta de alegría; la carencia de asombro, ¡tenemos tanto! que es difícil encontrar alguna cosa que pueda atraernos.

La incapacidad para sorprendernos –parece que ya conozcamos todo, que no haya novedades, que Dios haya dejado de crear- … pero, sobre todo, el alejamiento de Dios.

            Es, cuanto menos sorprendente ver tanta gente que, empeñada en “comprar a Dios” con sus prácticas piadosas, es incapaz de aceptarlo en su vida para dejar que la dirija.

            De ahí, que cada semana os invite a trabajar nuestro interior; a que la intimidad con el Señor, no sea una cosa más de nuestra jornada, sino algo imprescindible en toda ella, algo que nos lleve a vivir abiertos a la novedad de Dios.

 

NOS SILENCIAMOS PARA ESCUCHAR

            Silenciamos nuestro interior. Tomamos conciencia de que es, el mismo  Señor el que nos escucha. Saboreamos este momento único y privilegiado que se nos regala. Respiramos una y otra vez, siendo conscientes de cómo la vida nos es dada en cada momento y nos vamos relajando.

            Con tranquilidad, vamos a ir experimentando ese DON tan preciado que se nos regala y que es: Nuestra propia vida.

Un Don que no viene de ninguna parte, simplemente ES. No podemos pasar ante él con rapidez. Vamos a tomarnos tiempo para recibirlo con gratitud, fascinación y asombro.

            Volvemos a recordar las palabras de Jesús: “El Reino de los Cielos, se parece a un tesoro escondido…”  ¡Dichoso el que lo ha encontrado!

            Pero encontrar el Tesoro requiere: esfuerzo, superación, humildad…

-       ¿Creo de verdad en el tesoro escondido del que me habla Jesús?

-       ¿Lo valoro como para tratar de alcanzarlo a toda costa?

-       ¿Qué hago y qué dejo de hacer para encontrarlo?

 

En un segundo momento:

Traemos a la mente, cómo Jesús sitúa el Tesoro en un campo, mientras la gente huye de él para cambiarlo por edificios de hormigón con alturas asombrosas. ¡Todos queremos llegar alto! ¡Nos cuesta demasiado descender!

            Tampoco es algo que se nos viene dado ¡Es qué yo soy así! Nos instalamos, nos cuesta esforzarnos, caemos rendidos…

            Pero eso, en este momento denso de silencio, vamos a tener la valentía de preguntarnos:

-       ¿Acaso las cosas importantes, de la vida, se logran a la primera?

-       ¡Cuántos actos de fe antes de llegar!

-       ¡Cuántas generosidades!

-       ¡Cuántas humillaciones!

-       ¡Cuánta entrega!

-       ¡Cuánto compromiso!

Y, así, en silencio vamos trayendo a la mente la realidad de nuestra vida.

Jesús no nos dice que encontrar el Tesoro sea fácil, nos dice simplemente, la dicha que supone encontrarlo.

Tampoco nos dice que este a la vista de todos, nos habla de que está escondido. Pero nos da la clave de donde hallarlo: “Cuando vayas a orar, entra en tu interior, cierra la puerta…” Debe de ser que, encontrarse con Dios, es el más bello y sólido tesoro que podamos vivir y disfrutar.

Por eso lo culmina con estas palabras: “Y lleno de alegría…” Creo que hemos llegado a la frase que encierra todo el sentido de la vida cristiana.

Para estar alegres tenemos que vivir cerca del Tesoro que hemos encontrado. Entre Él y nosotros no puede haber distancia. Somos de su linaje, de su raza. Su Sangre corre por nuestras venas cuando lo recibimos en nuestro interior…

Por eso ¡qué cortas se quedan las palabras y las imágenes sobre Dios, cuando somos capaces de descubrir, como S. Pablo, que en Él somos, nos movemos y existimos!