Ese día Él pidió un poquito de sitio.
Se lo pidió a ella como un susurro,
porque sabía que podía confiar plenamente.
Nadie como ella le enseñaría lo que es la ternura,
nadie como ella le enseñaría a gritar las necesidades del pueblo,
nadie como ella había aprendido tanto a sonreír y a poner su vida
al servicio de los demás.

Por eso, Él le pidió un poquito de sitio.
Y el susurro que ella escuchó aquel día fue:
¿Quieres ser mi madre?
Y ella respondió: Sí.

Y Él ocupó el pequeño espacio de un vientre,
el mismo espacio que todos ocupamos
cuando empezamos a existir.