
¿Y AHORA QUÉ ?
Categorias: Merodio | Etiquetas: Testimonio
¿Y AHORA QUÉ?
Por Julia Merodio
Fue en Barbatona, en Molina, en Madrid…
¡Cómo expresar con palabras los sentimientos y emociones que se funden en mi corazón! Dios, una vez más, estuvo grande conmigo.
Jamás imaginé que pudiese vivir tan de cerca la grandeza de la JMJ, ya que me encontraba en un pueblo donde esta realidad, se ceñía al comentario y poco más.
Es verdad y, los habréis encontrado alguna vez, que llevo tiempo ofreciendo temas de oración semanal sobre la Jornada, pero este broche de oro ha superado cualquier expectativa de culminación que pudiese imaginar.
Esperaba ir a Madrid para el evento; quería servir, en todo lo que pudiese, a cuantos peregrinos fuesen llegando, necesitaba sentir –no sólo el calor de la temperatura ambiente- sino también, el de esos corazones grandes que nos dejaron impresionados.
PRIMER CONTACTO BARBATONA
Inesperadamente, la vivencia empezó antes de lo previsto. Invitados por el sacerdote del pueblo, mi marido y yo tuvimos el primer contacto con los peregrinos, en Barbatona –Guadalajara- La DED de Sigüenza que había acogido jóvenes de Parma (Italia), Botswana, Islas Marquesas (Polinesia Francesa) y Méjico había elegido ese lugar, para celebrar juntos la Eucaristía antes de dirigirse a Madrid.
Todo estaba preparado. El Santuario donde se habían dado cita era el de La Virgen de la Salud, muy querido por todo el entorno, dada la gran cantidad de milagrosas curaciones que se conocen otorgadas por la Virgen.
A nuestra llegada empezamos a cruzarnos con los numerosos peregrinos que ya empezaban a llegar y dada la proximidad a Sigüenza un número elevado lo hacían a pie.
La coincidencia de las mochilas pregonaba la uniformidad, ya que los rasgos físicos eran, visiblemente, distintos.
Las palabras del evangelio ratificaban su certeza una vez más. Ni el idioma, ni la cultura, ni la realidad entre los allí asistentes coincidían, pero no había nada que explicar, todos formábamos una gran familia, en la que compartíamos lo más importante de nuestra vida: LA FE. Por eso, todos nos entendíamos, todo funcionaba, pues cuando –como dice el evangelio- se tiene un solo corazón y una sola alma-, el que une es el Señor y eso siempre expresa la universalidad, el amor, y la fraternidad signos indiscutibles, de la Iglesia de Jesucristo.
Todo estaba cuidadosamente preparado. Los responsables, allí presentes, para subsanar cualquier contrariedad que se pudiese presentar.
Los sacerdotes, preparados para compartir la Eucaristía con el Sr. Obispo de Parma, no dejaban de expresar la alegría y la dicha que sentían, por tantas gracias como Dios nos iba regalando a todos, por medio de esos jóvenes que habían sido acogidos en la zona, proporcionando infinitos dones a la Iglesia de nuestra DED.
La Eucaristía, preparada con esmero y ofrecida en varios idiomas, era vivida por cuantos estábamos allí presentes. Cada lectura, cada oración, cada ofrenda era acogida por todos con sumo interés y fue en el ofertorio cuando el Santuario vibró de forma ostensible, al recoger el canto de aquel grupo de peregrinos de Botswana que, con unas voces excepcionales, empezaron –no sólo- a interpretar una canción, sino a cantar para Dios, a orar cantando y eso se nota y se contagia, por lo que todos sintonizamos con ellos, algo nos unía con más fuerza de lo que lo puede hacer un simple canto.
SEGUNDO CONTACTO MOLINA
Al día siguiente y, como segundo destino, recibimos en Molina, en la Iglesia de San Gil, a los peregrinos acogidos en aquella zona para celebrar la Eucaristía.
En esta celebración estaba mucho más implicada. Las religiosas Ursulinas, colegio en el que estuve durante siete años, me llamaron para que colaborase en la liturgia. Una liturgia igual que la del día anterior y sin embargo ¡tan nueva! Así es todo lo de Dios “mirad que hago nuevas todas las cosas” ¿nos lo creeremos algún día?
El énfasis de esta celebración quisimos que recayese sobre la unidad, de ahí que pretendiésemos demostrar que juntos, no sólo formamos la Iglesia de Jesucristo, sino que su Iglesia es universal y llega a todos los rincones de la tierra, por lo que elegimos el momento de las ofrendas para brindarlo a todos los asistentes a la Eucaristía.
Los peregrinos acogidos en la DED de Molina procedían de: Brasil, Salvador, Argentina e Indonesia.
Me llamó poderosamente la atención lo dispuestos que estaban a colaborar y su agradecimiento por poder hacerlo; de ahí que en el momento de las ofrendas entregamos al Señor, junto a un distintivo de cada continente, una flor de su color; resultando muy significativo el momento en el que las cinco flores fueron unidas con un lazo y depositas en el altar junto al pan y el vino.
También resultó muy emocionante el momento del Padrenuestro, en el que dos jóvenes subieron al altar y mantuvieron en alto la cadena, que se había hecho en el momento de las ofrendas y en la que, los cinco continentes, se unieron para ofrecer cuanto tenían.
En ambas celebraciones vimos emocionarse a los asistentes. Los vimos: reír, llorar, cantar, aplaudir, rezar… ¡Ay si, todos los jóvenes del mundo, hubiesen podido compartirlo! ¡Ay si, todos los jóvenes del mundo, pudiesen gustar a Dios! ¡Cómo cambiaría nuestra vida!
LA LLEGADA A MADRID
Las cosas no acabaron ahí, al día siguiente salí para Madrid. Nuestra parroquia, a la que pertenecemos el editor y varios de los colaboradores en Betania, es una parroquia abierta, acogedora, generosa y disponible siempre para todo y para todos, por lo que la cantidad de jóvenes acogidos era muy nutrida –creo que superaban los 600- En el entorno no había trecho, en el que no se encontrasen los transeúntes con un grupo de ellos.
La organización era perfecta y la respuesta impecable. La Iglesia era un hervidero de jóvenes que iban y venían. Había cada día varias eucaristías ya que, normalmente, los sacerdotes venidos de fuera, celebraban con su grupo y en su idioma, aunque la celebración estuviese abierta a todos. Además de esas eucaristías se celebraba las habituales de cada día, se impartía catequesis por alguno de los obispos e incluso se celebraba alguna misa en ingles para dar más oportunidades.
Antes de comenzar las actividades, un grupo nutrido de voluntarios, de esos que siempre están ahí dando y dándose, esos que hacen una labor encomiable calladamente, repartían los desayunos y limpiábamos las instalaciones, siendo digno de mención el agradecimiento de cuantos lo recibían.
Y, como siempre hay imprevistos en estos grandes eventos, pues aparecieron sin esperarlos por lo que tuve que llevarme a cada tres personas de Rió de Janeiro con algún pequeño problemilla.
Fue una experiencia fantástica, juntos vivimos la Vigilia del sábado y la Misa del Domingo en el salón de mi casa; pero también juntos nos emocionamos, gritamos, cantamos, adoramos al Santísimo y sintonizamos con el Papa. Nuestro querido Papa Benedicto XVI que tan alto dejó el listón en esta JMJ y… no sé qué pasó, sólo sé que cuando nos despedimos nos dimos cuenta de que éramos ya como miembros de la misma familia.
Podría seguir contando cosas y creo que no terminaría, pero además del recuerdo necesitamos seguir sumergidos en el espíritu de la JMJ, no podemos dejar que sea una vivencia preciosa, hemos de hacerla experiencia. Experiencia de vida y hábito de conducta, hemos de irla injertando en cada poro de nuestra existencia, para poder ser testimonio para los demás. Por eso quiero en este primer articulo de esta nueva etapa, preguntarme con vosotros:
¿Y AHORA QUÉ?
Los que hemos tenido la dicha de compartir la JMJ, no podemos dejar que termine este gran DON con la finalización de la JMJ. De ahí que os invite a dedicar algún rato, de nuestro preciado tiempo, para volver a la oración, para silenciarnos, para escuchar a Jesús que nos seguirá diciendo:
*** A vosotros, los que habéis querido compartir la JMJ; a vosotros, los que habéis escuchado mi llamada os digo.
-- Necesito gente que no huya de los compromisos. Necesito personas alegres y emprendedoras que no se echen para atrás a la hora de anunciar el evangelio.
-- Necesito personas enérgicas que no se escondan cuando se trate de dar un testimonio de vida.
*** También la Iglesia cuenta con vosotros: Matrimonios, padres de familia:
--El Señor ha puesto en vuestras manos la gracia de un sacramento para que améis, ayudéis, os comprometáis y seáis espejo, del amor de Dios en el mundo, cuando los demás vean cómo amáis. Y vuestros hijos necesitan vivir lo que significa la vocación, para que sean capaces de comprometerse.
**** A todos advertimos que queda mucho por hacer y son pocos los que están dispuestos a hacerlo:
-- Hay demasiada gente, que hace oídos sordos a la llamada. Les cuesta integrarse, están muy bien sin compromisos y, el miedo a dejar la comodidad y la tranquilidad, les hace permanecer, sentados en su cómodo sillón, viendo la “tele”, comiendo bien y dándose algún capricho.
*** Pero, Jesús, el Buen Pastor, quiere demasiado a esas ovejas; y quiere que formen parte de su redil.
El evangelio nos lo dice con estas, admirables palabras: “También a ellas las tengo que traer; y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo Pastor”
Sin, embargo, el Pastor sabe bien que, hoy día, hay muchos llamados que no quieren seguirle, ni crecer, ni madurar, ni hacerse adulto… por eso, vuelve de nuevo a decirnos:
Os necesito a vosotros. Os necesito Yo y os necesita, toda esa gente, que espera vuestra valía, vuestra generosidad y vuestro servicio para volver, para poder escuchar mi voz, para aceptar a Cristo como su único Pastor.
Por tanto no podemos guardarnos para nosotros solos todo lo que hemos recibido en este grandioso evento y, aunque parezca una utopía, os aseguro que, el Señor pondrá en el corazón de cuantos os vean tan felices, la ilusión y las ganas de dar y darse y seremos, para al Iglesia, semilla de esperanza.
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